Viviendo la experiencia internacional

Por: Andrés Sebastián Cañas Valencia
Estudiante de sexto semestre de Ingeniería Industrial,
Viajar…. Un verbo como cualquier otro del español, con sus sílabas, consonantes y vocales pero que tiene una connotación distinta. Cuando ese verbo tiene un sujeto y se da lugar a la acción, la reacción consecuente puede ser algo inimaginable, casi utópico. Viajar… lo que más anhelamos nosotros, lo que siempre decimos cuando nos preguntan por nuestros proyectos venideros, lo más sublime de nuestros sueños.
Pues viajando estoy, perdón, no solo viajando, sino haciendo un intercambio, o debería decir haciendo un intercambio en un viaje, no lo sé. Creo que no encuentro como explicar esto con mis palabras, entonces lo intentaré hacer de otro modo.

Mi nombre es Sebastián Cañas (creo que ya lo deben saber después de leer el encabezado del artículo), soy estudiante de sexto semestre de Ingeniería Industrial y estoy llevando a cabo un intercambio estudiantil en la Universidad Politécnica de San Petersburgo en la fría pero amigable Rusia y escribo esto ahora, ya después de dos meses de haber llegado para contarles que estoy enamorado de esta ciudad y que en el poco tiempo que he vivido aquí, he tenido experiencias y anécdotas inconcebibles.
Mi deseo siempre fue salir de intercambio, no me importaba donde, afortunadamente la Universidad ofrece un portafolio muy amplio de convenios e incluso se puede acceder a algunos de ellos por medio de becas. El semestre anterior entre las becas que ofertaron, vi una que me llamó mucho la atención, la de Rusia, ¿por qué?, sencillamente porque es país lejano, un lenguaje nuevo para mí, un clima loco y una cultura relativamente más distinta que la nuestra, entonces no lo pensé dos veces, apliqué y por fortuna gané una de las becas.
¿Qué me esperaba después?, tuve una gran cantidad de dudas, entre ellas: ¿qué pasará si no sé el idioma?, ¿soportaré el invierno ruso?, ¿me adaptaré a la cultura?, ¿entenderé las clases en inglés?, etc. Personalmente no me interesaba encontrar respuestas a esas preguntas, solo dejé que el tiempo pasará y que una vez estuviera en Rusia, las encontrará, porque eso para mí era parte de la aventura, tener un choque, sentirme desahuciado, afligido e impotente porque si solo pensamos en nuestros miedos y nos cohibimos de dar pasos importantes en nuestras vidas por culpa de ellos, no sabremos cuales son nuestros límites y no aprenderíamos a superarlos, además de la cantidad de oportunidades y experiencias que se pierden por culpa de ello.
San Petersburgo es una ciudad de ensueño, recorrer sus calles observando las influencias de Venecia y Ámsterdam que Pedro el Grande quiso imponer aquí, construyendo a diestra y siniestra edificios y palacios con estilo barroco, otrora hogar de los zares y sus familias, simplemente una ciudad indescriptible, magnánima, hermosa. Las personas que he conocido acá, estupendas, de casi toda Europa prácticamente, hablando con ellos me doy cuenta que tenemos más en común que lo que uno piensa, y la diferencias que tenemos nos hacen más cercanos. Las clases y la universidad si no son ningún marco de comparación con Colombia y su modelo de educación, pero por eso también vine, para aprender cómo se aprende en otros lugares.


En definitiva, un intercambio estudiantil es algo que vale la pena y todo estudiante debería intentar o al menos considerar y más teniendo en cuenta que la Santoto ofrece todas las posibilidades, solo se necesita estar motivado, dominar los miedos y dar el primer paso, después se darán cuenta que valió la pena. Пока-пока!!!
 

 

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